lunes, 11 de febrero de 2008

puntuda



y la perla lo quería todo, todo para ella, para su histeria adorada, para su voluntad terca, sus momentos paseándose frente al espejo; ese mismo que la suelta usaba y usaba sin cesar. y entonces sus motivaciones perdían lo cuerdo; o el abandono se colaba entre sus calzones, las cogidas y el espacio favorito de la cama naranja en el que solía agarrársela el joyero. el mismo joyero que la pulía y la pulía hasta terminar, hasta terminarla, hasta volverla regular, pero no ordinaria, regular y con un brillo cosido desde adentro a las pupilas. y entonces se ponía brava, entonces lo quería todo para sí. y entonces daba miedo, entonces era un lío verla a los ojos.

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